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estoy embarazada

necesito un exorcismo

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Mi último día de trabajo antes de las vacaciones ha sido letal. Anoche prácticamente no dormí porque una pesadilla que no pienso contar me hizo saltar de la cama a las tres de mañana y ya no pude conciliar el sueño hasta las 7.00 h. Cuando el despertador ha sonado a las 7.30 h. me quería morir porque me he levantado con un 2×1: legañosa y terriblemente hipocondríaca, todo en un pack. Como no podía ser de otra manera, antes de ir a trabajar he cogido cita para mi médico de cabecera.

En la oficina, María estaba especialmente impertinente así que, aunque sigo estoica, no he tenido más remedio que largarme de sala de reuniones y respirar hondo para que no comenzara a girarme la cabeza y a gritar eso que empieza por  “Dile a la” y acaba por “de tu hija!!!”. Ya en mi despacho, el teléfono no ha parado de sonar: por la tarde los vampiros chupatiempo eran muchos y todos hiperactivos pero milagrosamente he terminado todo lo previsto con “sólo” dos horas de retraso, náuseas, flatulencias varias que prefiero obviar y un asco vital infinito.

Hablando de todo un poco, tengo ptialismo: mi boca no deja de segregar saliva y a la menor ocasión lanzo proyectiles de baba sin piedad. Definitivamente, parece que me estoy transformando en Regan, necesito un exorcismo. Esta mañana después de la reunión, le he disparado un micro-escupitajo a Arturo (mi jefe, mi amigo, mi padre Karras particular) al contestar “sí gracias” a su propuesta de tomar un cafelito de la máquina. El susodicho se le ha quedado alojado certeramente en la perilla, junto al labio inferior y Arturo (es tan aprensivo que se la coge con papel de fumar) en un gesto rápido y poco sutil ha conseguido secarse con la manga del traje. Yo, de nuevo, he deseado morir. No obstante, el pobre ha sido capaz recuperar la compostura en un segundo.

– Carmen, guapa ¿qué cojones te ha pasado en la reunión? Estás incombustible en tu salvajismo

– Hombre, gracias. Yo también te quiero

– Perdona pero te noto extraña ¿todo bien?

– Más o menos… (silencio) ya te contaré, ahora no puedo…

Una llamada telefónica urgente me salvó. Cati reclamaba a Arturo. No puedo contarle que estoy embarazada, mi contrato vence en un mes y tal y como está el temita en la empresa lo pondría en un compromiso estupendo. Prefiero que viva unos meses en la ignorancia para evitarle el dilema moral y que este asunto no le salpique porque va a tener que dar muchas explicaciones al jefe supremo si renueva el contrato a una embarazada en plena efervescencia de la crisis. Es triste pero así es.

Son las 21.00 h. Jota ya tiene que estar en España pero no me ha llamado.

Soy un despojito poseído. Me voy a la cama.

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