historias del metro (III): claustrofobia


claustrofobia metro embarazada
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Como consecuencia de mi pasada y desafortunada incursión en el metro del universo paralelo de Harry Potter, mi subconsciente ha procesado un desagradable recuerdo. Ahora, cada vez que se cierran las puertas del vagón revivo mentalmente la pseudo crisis de ansiedad que sufrí como consecuencia de los incívicos que no me cedieron el asiento. Total que, resumiendo, no soporto meterme en el metro, me produce una angustia tremenda. Todo un poema: hipocondríaca, embarazada, borderline y ahora como bonus, claustrofóbica. Soy un cóctel psicótico.

Mi proceso mental es el siguiente: subo al vagón, busco desesperadamente un asiento por si me mareo. Se cierran las puertas. No soporto el olor a metro. Miro a la gente. Imagino que sospechan que estoy poniéndome nerviosa. Procuro leer el periódico gratuito para distraerme. Rezo para que el tren no se pare en mitad del tunel.  Observo a la señora que se sienta enfrente e intento imaginarme su vida. Es clavadita a Raquel Mosquera. Me invento una historia para ella, seguramente su marido la tiene insatisfecha y en venganza ahora ella va a encontrarse con su amante. ¿Qué coño es ahora ese rechinar de ruedas perverso? Me tomo las pulsaciones, 120 y subiendo, pero están controladas. Llegamos a la siguiente estación. Por favor que no entre toda esa masa aletargada que espera sumisa en el anden. Si suben todos pero no se baja nadie, no voy a ser capaz de soportarlo, me apeo aquí. Que no me de la taquicardia, Virgen de la Pata Arrastras. Se vuelve a cerrar la puerta. Estoy respirando los alientos de todos los pasajeros. No hay quien aguante tamaña repugnancia. Procuro pensar en otra cosa, en la cara de delicuente del chico de los cuatro piercing en boca. Está notando que lo miro, si se vuelve loco y saca una navaja no puedo salir de aquí. ¿Por qué frena el tren? ¿estará estropeado? Deseo con todas mis fuerzas llegar a la siguiente estación. Me falta el aliento, me roban el aire. ¿Eso que llevo en la cabeza es un pensamiento sociópata?. Un  minuto, sólo un minuto más y ya no estaré encerrada, podré salir si quiero. El degenerado del piercing se está percatando de que estoy nerviosa. Si en estos momentos el tren se queda parado en el tunel, yo solita me provoco un infarto. La tendencia a la criminalidad ¿proviene de factores genéticos o es una particularidad adquirida?. Noto el corazón a 200. Me está dando la taquicardia. Voy a desmayarme, todos se van a dar cuenta. No, no es taquicardia, se me pasa. Anuncian la siguiente estación. Que no se pare ahora el metro en medio del tunel por favor, que no se pare, que no se pare. Voy a hacer el numerito, lo sé, lo se. Necesito sentarme para tranquilizarme. Respiro hondo. No, no debo respirar hondo, huele a aliento. Ascoooooo!. Me falta oxígeno. Me está dando una crisis de ansiedad. No puedo respirar, no soy capaz de aguantar más aquí dentro. Ya está, he llegado al límite. Me quedan todavía tres paradas pero me bajo en la siguiente y pillo un taxi. ¿Y si no se abren las puertas? Si no se abren me desmayo fijo. Disimula, disimula, la Mosquera maltratada  está notando que me encuentro fatal. Ahora sí que me está empezando la taquicardia. Se abren las puertas. Si no salgo ahora, me desmayaré  en cuanto se cierren de nuevo. ¿Son estos los síntomas de una crisis cardíaca? Salgo del vagón pero ya!.

Salto al andén y me siento en un banquito de una estación que no es la mía. Cuando se me pasa la taquicardia, pienso que tengo que superar la claustrofobia y me obligo a coger el siguiente tren. Son sólo dos estaciones, tengo que superar mis miedos.

Esta es la reproducción exacta de los hechos de las dos últimas veces que he cogido el metro.

Lo sé. Estoy muy mal de lo mío.


14 respuestas a “historias del metro (III): claustrofobia”

  1. Es la primera vez que voy a comentar un post tuyo, aunque te leo todos los días y sigo tu blog desde que lo empezaste.

    Yo también vivo en Madrid, estoy embarazada de 35 semanas y voy a trabajar en transporte público.
    No he ido de pie NI UN SOLO DÍA, ni siquiera cuando estaba tan solo de 8 o 9 semanas y mi cachorrito era un píxel (y por supuesto, no se me notaba la barriga).

    Estás no solamente en tu derecho de sentarte en el transporte público, sino también en tu deber… piensa en el bebé.

    Tú échale morro. En cuanto entres al metro o al bus, te vas al primer jovenzuelo o jovenzuela que veas arrepachingado en un asiento, y con una enooorme sonrisa le dices: «perdona, ¿me dejas que me siente? Estoy embarazada».
    Todos enrojecen hasta la raíz del pelo y se levantan en cero coma, ya lo verás.
    ¡Y encima te piden perdón!

    Y entonces ya te da un poco más igual lo de las aglomeraciones, los olores y las gentes, porque vas como una reina en tu asientito, sabiendo que si pasa algo, estás protegida.

    ¡Suerte!

    • Gracias Samira, bienvenida!

      Tienes razón con lo del transporte público pero ¿sabes que pasa? que me pongo de tan mala leche cuando veo que nadie se lvanta que prefiero no habrir la boca, seguro que acabaría montando el pollo y quedaría como las locas. Tengo que aprender a ser un poquito inteligente de vez en cuando.

      Vuelve. Un besazo

  2. a mi me pasa si la gente se sorbe los mocos, me veo obligada a cambiar de vagón, no puedo soportarlo, podría llegar a vomitar…
    Poco a poco igual mejora.
    Un besazo

    • Tú crees que puede llegar a mejorar? No se tú con el tema de los mocos pero yo con el metro y los alientos, cada día lo soporto menos. Supongo que es debido a que cada día estoy más de la olla.

      besos guapa

  3. No has pensado coger el autobus???o ir en coche???recuerdo cuando contabas una vez que se te olvido no se que en casa y contabas que ibas en coche…xq no vas en coche ya??

    • A ver, te cuento: voy a trabajar en coche pero cuando tengo que ir a alguna reunión en el centro, paso del coche, lo dejo en el curro y me desplazo en metro. Es imposible moverse en el centro de Madrid si no es en moto o en transporte público.

      Ojalá pudiera ir en mi coche! O en autobús, pero el autobús en el centro es muuuuuy lento también. Al final me veo en taxi, como te lo cuento.

  4. Que ganas tenía que te bajaras de ese tren… que ganas tenía, me estaba poniendo malísima.

    Besico gordo mi chica.

    Cali

        • Pues no vas desencaminada, Cali, ayer iba a hacerlo (vía mail, claro) pero al final no pude, el tiempo me puede. ¡qué ilusión que sueñes conmigo!

          Hoy si, hablamos fijo

          Un beso

  5. Pues lo que nos faltaba, que te diesen crisis de ansiedad en el metro. Yo creo que deberías transmutar toda esa ansiedad en un ataque verborreico de los tuyos y explicarle lo primero que te salga a quién tengas sentado al lado, así tu desconectas de la claustrofobia, y con un poco de suerte el del asiento de al lado sale corriendo dejándote más espacio para respirar.

    Cuídate preciosa.
    Besos

    • jajaja! pues si, lo que nos faltaba a todas, a mi y a vosotras que, al fin y al cabo, lo acabáis sufriendo a través del blog.

      Debería canalizarlo en un ataque verborréico si, pero me resulta imposible, el pánico me bloquea.

      Un beso gordo

  6. Nena creo que es parte de tu hipocondría, creo que es taquicardia psicosomática… a mí también me ponen de los nervios los medios de transporte masivo llenos de gente ( otro día me dio un mareo en el bus, entre la gente, el calor, los frenazos…) pero por otra parte no conozco a nadie que se encuentre medianamente cómodo en un metro hasta arriba de gente!!

    bss y feliz semana (no curres mucho)

    • pues si, es parte de mis múltiples fobias, de mi desequilibrio y de mi ansiedad que va in crecendo.

      Gracias por solidarizarte conmigo. Un besazo